Notas informativas El Mtro. Javier López ofrece Conferencia Magistral en el 18º Periodo de Sesiones del Consejo de Derechos Humanos

El Mtro. Javier López ofrece Conferencia Magistral en el 18º Periodo de Sesiones del Consejo de Derechos Humanos

Ginebra, Suiza. 20 de septiembre de 2011

Intervención del Mtro. Javier López Sánchez, Director General del Instituto Nacional de Lenguas Indí­genas, en el Panel "El papel de las lenguas indí­genas y de la cultura en la promoción y protección del bienestar y de la identidad de los pueblos Indí­genas", en el 18º Perí­odo de Sesiones del Consejo de Derechos Humanos de la ONU


Buenas tardes, me permitiré saludarlos en mi lengua indí­gena maya-tseltal, uno de los muchos idiomas originarios de México:

"Ley ay lekil ot'an winiketik bayex ta pisilik, ich'a spatjibal a wot'amik. Binax kot'an yu'un te le' ayun into, melel jich ya jcholbex a wayik te jk'op ka'yeje, sok jich pajal ya jkot'antik ta swenta te sleel te slekilal jkuxineltik ta spamal balomilale."

"Bien, hombres y mujeres de buen corazón, muy buen atardecer a todas y todos, nuestros corazones saludan y reverencian la grandeza de sus corazones. Mi corazón está altamente florido porque escucharán mi palabra, pero también porque escucharemos la de todos, pues así­, nuestros corazones caminan juntos para nuestra buena vida en todo el mundo."

Agradezco desde mi corazón al Alto Consejo de Derechos Humanos, su invitación a participar en este tan importante evento para los pueblos de todo el mundo, en particular para los pueblos indí­genas.

Es, pues, un honor para mí­ participar en este panel, compartiendo con tan distinguidos colegas de otras latitudes del mundo y con todos ustedes.

Como Director General del Instituto Nacional de Lenguas Indí­genas de México y como miembro del pueblo indí­gena maya-tseltal del Estado de Chiapas, deseo compartir con ustedes algunas reflexiones y experiencias en torno de las lenguas y culturas indí­genas.

Referirnos a las lenguas es referirnos a las culturas mismas. ¿Por qué?

La lengua es un elemento fundamental para nombrar el mundo, para expresar la visión, el pensamiento, la forma de estar y ser en el mundo-tierra, la forma de vincularse los unos con los otros.

La lengua manifiesta la organización social, en todos sus niveles alrededor de la visión del trabajo, que a su vez se refleja en los sistemas lingüí­sticos.

Así­, hablar de la lengua y cultura es hablar de todas las manifestaciones humanas, que revelan un nombre y un valor para cada cosa. No hay objeto en el mundo que no sea un signo, una imagen de la realidad que el pensamiento recoge, como tampoco hay idea que no pueda ser representada por medio de la lengua.

Con todo acierto se dice que cuando muere una lengua, se muere una cultura, una particular forma de comprender y vivir en el mundo-tierra.

No hay duda, las lenguas del mundo son los mayores patrimonios intangibles de la humanidad.

No obstante la afirmación anterior, es menester preguntarnos ¿qué ha pasado? ¿Cómo ha sido entendida y atendida la diversidad de lenguas y culturas? ¿Cuál es la situación actual de las lenguas y culturas indí­genas?

Muy brevemente, hemos de señalar que transitamos entre la diversidad y la desigualdad. Ha sido el caso de México, América Latina y el mundo entero, creo yo. ¿Por qué? Porque la lengua también ha sido instrumento de la polí­tica, en muchos casos compañera de la dominación.

Muchas veces, sino es que todas, los estudios para conocer la visón del mundo de los indí­genas, manifestada a través de su lengua, como ya dijimos, han sido para los dominadores comprender y defender el modo de dominación a través de un sistema impuesto de trabajo.

Muchas veces, también hay que decirlo, se ha permitido el mantenimiento de las lenguas indí­genas y su uso. Con esto estoy diciendo que la historia se ha encargado de mostrarnos que la situación nunca ha sido en blanco y negro (por lo menos en México).

Sin embargo, y muy a pesar de los claroscuros de la dinámica sociolingüí­stica de los Estados-nación, los números, en el caso mexicano, nos revelan una realidad.

A principios del siglo XIX, el 90% de la población mexicana era hablante de alguna lengua indí­gena; a inicios del siglo XX, era ya sólo el 20%, y actualmente sólo el 7%.

Estos datos hacen evidente la tendencia hacia el desplazamiento de las lenguas indí­genas, y creo que no sólo en México, sino en otras latitudes del mundo, ya que hemos compartido, desafortunadamente, las polí­ticas de supresión de la alteridad con muchos paí­ses.

El modelo de desarrollo de los Estados-nación ha sido incompatible con el mantenimiento de la diversidad, de manera que las polí­ticas lingüí­sticas han constituido una herramienta de discriminación y marginación social de los "otros", de otros que también son seres humanos.

Podemos decir, pues, que las lenguas indí­genas han sido, en su entidad primigenia:
A) Lenguas normales, luego,
B) Minorizadas (subordinadas), y hoy son:
C) Minoritarias y se encuentran:
D) Amenazadas, otras
E) Se encuentran moribundas, y seguramente requieren de terapia intensiva.

Es importante remarcar, entonces, que hemos estado bajo un proceso permanente de dominación cuyas representaciones sociales han generado "la falsa universalización de los valores de una cultura particular" (Luis Villoro, 1999).

Esta dominación ha generado un sistema de estereotipos que aún se encuentra anclado en las representaciones sociales de los mexicanos, tanto en los indí­genas como en los no indí­genas, que ha llevado a evaluaciones negativas de las lenguas y las culturas indí­genas.

Hablemos ahora de los cambios y logros en México.

Hoy, sin duda, nos encontramos ante la emergencia de un creciente pluralismo lingüí­stico y cultural en el mundo, asociado a los intensos flujos migratorios, a la intensificación del contacto entre los pueblos, provocados por la globalización y lo que nos lleva a la emergencia de nacionalismos no estables y a movimientos de reivindicación de los derechos de los pueblos indí­genas.

Creo que uno de los grandes retos de los Estados-nación en el siglo XXI, ante la imposibilidad de seguir negando la diversidad, las lenguas y culturas indí­genas, es su capacidad y voluntad de dichos pueblos de inclusión con dignidad.

En México se han empezado a comprender con mucha claridad, dirí­a yo, las realidades y exigencias socioculturales y lingüí­sticas actuales.

A 1992 le llamo yo "el año de la significación pluricultural y plurilingüe", ¿por qué? Porque es el año en que por primera vez en su historia reconoce su constitución pluridiversa.

En el 2001, se refrenda la convicción pluricultural y plurilingüe del Estado Mexicano con una reforma constitucional de suma relevancia. En el 2003, el Congreso promulgó la Ley General de Derechos Lingüí­sticos de los Pueblos Indí­genas, hecho que constituye un giro radical a la polí­tica del lenguaje en México, por dos razones centrales:

1) En esta ley por primera vez se reconoce a las  lenguas indí­genas como nacionales, con la misma validez que el español (para cualquier trámite o asunto de carácter público, así­ como en el acceso pleno de sus habitantes a la gestión, los servicios y la información pública en dichas lenguas).
2) El mandato para la creación del INALI, instancia pública federal, responsable de impulsar acciones para la revitalización, el fortalecimiento y el desarrollo de las lenguas indí­genas nacionales.

Ante estos logros, podemos decir que hemos caminado a la luz de tres estadios, que vemos como complementarios:

1) Estadio de reconocimiento y reflexión,
2) Estadio de decisión
3) Estadio de aplicación

Estos estadios nos han llevado a dos cuestiones fundamentales:

1) A la adopción de una polí­tica lingüí­stica para hacer posible el aterrizaje de nuestra principal herramienta jurí­dica y constitucional: los derechos lingüí­sticos,
2) A un proceso de Planeación Lingüí­stica Nacional.

Nuestra polí­tica la concebimos como una estrategia para formalizar la polí­tica del lenguaje; esto lo asumimos como una oprtunidad para la organización polí­tica de la diversidad lingüí­stica, también vista como gestión del multilingüí­smo.

Así­, asumimos una polí­tica pública que impulsa, no la consulta, sino la participación directa de los pueblos indí­genas, la articulación de esfuerzos conjuntos entre la Federación, los Estados y los Municipios, el trabajo interinstitucional con los centros de investigación y las universidades, los expertos indí­genas y no indí­genas.

Estas polí­ticas públicas, cabe mencionar, las realizamos guiados por los paradigmas del multilingüismo y la interculturalidad e inspirados por los Derechos Humanos.

Nuestro proceso de planeación lingüí­stica contempla 5 grandes ejes rectores:

1) La catalogación lingüí­stica
2) La normalización de los sistemas de escritura, la elaboración de gramáticas y diccionarios, léxicos especializados y la documentación lingüí­stica
3) La promoción del prestigio social de las lenguas indí­genas
4) La enseñanza de las lenguas indí­genas, en los ámbitos informal y formal
5) La regulación del uso público de las lenguas indí­genas

Para terminar, he de señalar que la diversidad lingüí­stica y cultural es la realidad humana, tan vieja como la humanidad y tan variada y necesaria como la biodiversidad.

La pérdida de alguna de las lenguas indí­genas del mundo va en detrimento de la biodiversidad, toda vez que las lenguas conllevan numerosos conocimientos sobre la naturaleza y el universo, por todo ello, me atrevo a señalar que anteponer lo particular a lo universal, es una actitud estéril, porque ambos se nutren.

Y pensando en los cambios y los logros que vamos teniendo en México y en otras latitudes del mundo a favor del pluralismo lingüí­stico y cultural, señalo, junto con Luis Villoro, que aceptar la alteridad es una hazaña de la mentalidad moderna, o como lo dice León Olivé: "a menos que se asuma una visión fundamentalista, creo que uno de los grandes logros del siglo XX ha sido el desarrollo de la convicción de que no existe una sola forma de interpretar el mundo y ni siquiera de razonar".

Sin duda, estamos dando los pasos para que el siglo XXI sea el siglo en el que hemos de aprender a vivir entre diferentes. Para ello, paradigmas como la interculturalidad, que impulsa el conocimiento, la valoración y el aprecio del otro, que no lo borra ni lo anula, son de trascendental relevancia para nuestros paí­ses pluridiversos.

La interculturalidad hay que verla entonces como un proyecto social amplio, que apuesta al diálogo, entendido éste como recí­proco encuentro humano, que no recurre al acto inhumano de la dominación.

Este escenario exige, sin duda, un amplio esfuerzo de creatividad e imaginación, de sensibilidad y voluntad de todos. Se requiere de la concurrencia de toda la sociedad: el gobierno, las instituciones académicas, las asociaciones civiles y, sobre todo, de los propios pueblos indí­genas.

Muchas gracias

Más información del evento http://mision.sre.gob.mx/oi/


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