Difusión

Discurso del Mtro. Javier López Sánchez

Discurso del Mtro. Javier López Sánchez, Director General del Instituto Nacional de Lenguas Indí­genas (INALI) en el Foro Nacional "México con Educación de Calidad para Todos". Panel "Rezago educativo y analfabetismo". Palenque, Chis., 10 de abril de 2013.

"Analfabetismo y Rezago Educativo. Diagnóstico y Propuestas para Polí­ticas Educativas en Contextos de Diversidad"

Introducción

En el marco de este importante Foro Nacional "México con Educación de Calidad para Todos", sin duda que una profunda reflexión crí­tica, propositiva y constructiva sobre el estado que guarda la educación y la participación de todos, gobierno y sociedad, maestras y maestros, directivos, académicos, investigadores, etc.; es de central importancia, pues ninguna reforma se puede entender sin la participación de todos los actores, atrás deben quedar visiones monistas y centralistas, las realidades y exigencias sociales del siglo XXI nos tienen que llevar a repensar no solo un cambio en nuestros paradigmas sino fundamentalmente en nuestros valores. Nuestro reto, comprender a cabalidad nuestros logros educativos hasta ahora, en dónde nos encontramos hoy y cómo estamos, de manera que nos permita proyectarnos para alcanzar un México verdaderamente incluyente.

Por lo anterior, me permito hacer un breve análisis y diagnóstico del analfabetismo y rezago educativo para pasar finalmente a ofrecer algunas propuestas, que espero contribuyan a los objetivos de este Foro Nacional.

Analfabetismo absoluto y funcional y rezago educativo

El analfabetismo que llamaremos "absoluto" y el analfabetismo funcional son dos realidades que laceran a México, pues afectan todo el tejido social: dañan la dignidad de las personas, lastiman nuestra vida colectiva y vulneran nuestros principios democráticos. A la par, qué duda cabe, repercuten de manera negativa en la vida económica del paí­s. Es decir, el analfabetismo es indeseable desde cualquier perspectiva y a nadie conviene, por lo que todos, instituciones de gobierno, universidades, organizaciones sociales y mexicanos en general, debemos contribuir a erradicarlo.

El analfabetismo absoluto es la condición que impide leer y escribir a las personas mayores de 15 años de edad, y el analfabetismo funcional significa que hombres y mujeres de cualquier edad tienen una deficiente comprensión lectora, de redacción y de operaciones aritméticas; es decir, no saben resolver adecuadamente tareas necesarias en la vida cotidiana, cómo llenar una solicitud de trabajo, leer un diario o calcular un porcentaje. Muchos de esas personas no han iniciado o concluido su educación primaria o secundaria, rezago educativo que significa un gran reto para el sistema educativo nacional.

Es preocupante reconocer, pero necesario hacerlo, en nuestro paí­s existen por lo menos 15 millones de analfabetas: 7 millones y medio de analfabetas absolutos y 8 millones de analfabetas funcionales. Esto es, casi el 14 por ciento de la población total del paí­s (112 millones de habitantes). Un reciente estudio sobre "Pobreza y Derechos Sociales de niñas, niños y adolescentes en México" realizado (2008 a 2010) en conjunto por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y el Consejo Nacional de Evaluación de la Polí­tica de Desarrollo Social (CONEVAL), señala que uno de cada 10 se encuentran en rezago educativo, 32 millones de 15 años y más se encuentran en rezago educativo, y que tres de cada cuatro niños o adolescentes tienen alguna carencia social, lo cual representa 56.4 % de la población de entre 0 y 17 años.

Según un cálculo de la UNAM de 2012,  los estados que cuentan con mayor proporción de analfabetas son: Chiapas, con 18.41 por ciento; Guerrero, con 17.53; Oaxaca, con 16.92, y Veracruz, con 12.02. Como sabemos, en estos estados se concentra casi el 50 por ciento de la población indí­gena del paí­s. Además, mientras el porcentaje nacional de analfabetismo es de 6.31 para los hombres y de 8.89 para las mujeres, en esos estados es superior al doble. Asimismo, la SEP y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señalaron en 2011 que tres de cada cuatro mexicanos de 12 a 29 años de edad que no estudian ni trabajan €“cifra ubicada en más de 7 millones, según tales instituciones- son mujeres, "lo cual expone que los motivos de la discriminación de género tienen un peso determinante en el surgimiento de dicho problema". Todas estas cifras son elocuentes por sí­ mismas y no requieren mayor explicación por el momento.

El rezago educativo presente sobre todo en áreas rurales y comunidades indí­genas, lo sabemos, tiene múltiples causas, es multifactorial, por lo mismo, complejo. En él inciden los altos í­ndices de pobreza (con todo lo que implica en desnutrición, deserción escolar, migración, trabajos mal remunerados a temprana edad, etc.), la falta de infraestructura en los planteles de las comunidades desfavorecidas y la falta de calidad y pertinencia en los programas de estudio (incluyendo metodologí­as poco pertinentes pedagógica, cultural y lingüí­sticamente), así­ como en el personal docente que los imparte, aunado a la insuficiente gestión educativa y pedagógica en y desde la escuela.

Reconocemos que en los últimos años se ha avanzado de manera importante en la ampliación de la cobertura educativa. Pero, como se señala en el Pacto por México (punto 1.3.), "Los retos consisten en culminar esta expansión, pero sobre todo en elevar la calidad en la educación de los mexicanos para prepararlos mejor como ciudadanos y como personas productivas".

Hacia una polí­tica educativa de calidad. Inclusión, equidad y pertinencia

En efecto, una parte muy importante en el combate al analfabetismo y rezago educativo es encontrar la manera de impartir una educación que verdaderamente responda a las necesidades y posibilidades de los distintos sectores sociales. Si deseamos que la educación contribuya a la construcción de una sociedad más justa, democrática y participativa, la inclusión educativa debe ser un principio fundamental.

Y es que hablar de inclusión educativa no es sólo garantizar que todos los niños y las niñas acudan a la escuela, y que todos los mayores de 15 años sepan leer y escribir adecuadamente, haciendo efectivos el derecho a la educación contenido en las leyes, sino que accedan a una educación de calidad, con equidad y pertinencia cultural y lingüí­stica: que sea inclusiva social y educativamente, y respetuosa de la diversidad. De manera que no podemos hablar de calidad de la educación sino pasa por un proceso altamente incluyente y si no considera la equidad y la pertinencia.

Avanzar en la inclusión es eliminar barreras sociales, culturales y lingüí­sticas que impiden o dificultan la participación y el aprendizaje de los alumnos, sobre todo de aquellos más desfavorecidos históricamente. Implementar una educación incluyente supone que el maestro conoce, reconoce, valora y aprecia la diversidad existente en el ámbito social y, en concreto, aquella que se encuentra presente en la escuela y el aula; conoce los marcos jurí­dico-normativos y los referentes teóricos que sustentan la diversidad y los aplica en su quehacer profesional de manera autogestiva y autónoma para mejorar la calidad de la educación.

Un maestro preparado para la inclusión social y educativa puede construir y planificar dispositivos y secuencias didácticas, y trabajar a partir de las representaciones culturales y sociales de los alumnos, es decir, de las competencias construidas primigeniamente, social e históricamente por los sujetos. En otras palabras, crea situaciones auténticas de aprendizajes apropiadas al contexto de la escuela y el de sus alumnos porque reconoce que la diversidad es una ventaja educativa y pedagógica, que proporciona un mayor abanico de referentes culturales. Asimismo, sabe que no existen dos escuelas iguales; que ni los alumnos ni las clases son estáticas sino configuraciones cambiantes.

La educación inclusiva supone, pues, no dejar a nadie fuera. Supone igualdad de oportunidades desde las diferencias, culturales, lingüí­sticas y contextuales. La inclusión "se ocupa de reducir al máximos la desigualdad del acceso a las oportunidades, y evita los distintos tipos de discriminación a los que están expuestos niñas, niños y adolescentes" (Acuerdo Secretarial N°. 592, SEP, 2011).

Por otra parte, la equidad significa reconocer y atender la diversidad en la escuela y propiciar las condiciones para que todos alcancen los objetivos de manera similar. Ofrecer una educación con equidad y justicia significa que no basta con que todos los niños y adolescentes tengan la oportunidad de ingresar a la escuela, sino que asistan a una escuela que les ofrezca la posibilidad de cursar y concluir con éxito su educación; así­, la equidad es el camino a la justicia. La pertinencia, valora, protege y desarrolla las culturas y sus visiones y conocimientos del mundo, mismos que se incluyen en el desarrollo curricular; significa que todos, indí­genas y no indí­genas, puedan expresar libremente sus valores, sus ideas, sus lenguas, y ser enseñados a aprender a reconocer, valorar y respetar las diferencias de los otros; que se relacionen en planos de equidad a partir de sus propias identidades culturales, lingüí­sticas, religiosas, socioeconómicas y cualesquiera otras. La pertinencia en la educación significa impulsar la pluralidad epistemológica y el diálogo de saberes.

A fin de cumplir con estos preceptos se propone tomar en cuenta lo siguiente:

1.    Evaluar y reencauzar programas educativos exitosos. Ejemplo: la propuesta curricular de INEA, el MEVyT. El trabajo de algunos centro de educación inicial, escuelas de educación preescolar, primaria, secundaria etc.

2.    En la enseñanza-aprendizaje de niños y adultos se requiere desarrollar metodologí­as didáctica, cultural y linguí­sticamente pertinentes..

3.    Elaborar materiales didácticos bilingües (lenguas indí­genas-español)

4.    Aprovechar mejor y más ampliamente el uso de las nuevas tecnologí­as.

5.    Formar a los educadores en la perspectiva de la atención a la diversidad, de la autoevaluación y de la gestión pedagógica y desde el enfoque de los derechos humanos. La educación es un derecho y no simplemente un servicio

6.    Equiparar las condiciones de las escuelas menos favorecidas de forma integral para tener posibilidades reales de educabilidad

7.    Evaluar crí­tica y objetivamente el quehacer educativo

8.    Que en la cruzada nacional de alfabetización se involucre a educadores comunitarios de CONAFE, maestros y alumnos de telesecundaria, secundarias y preparatorias, universidades públicas y privadas a través de sus jóvenes estudiantes y otros.

9.    Generar sinergias educativas locales entre escuelas e instituciones. Articulación

10.    Que las escuelas puedan administrar sus recursos y tomar sus decisiones de manera autogestiva y autónoma. Que los recursos estén en la comunidad.

11.    Repensar la función de supervisorí­a y asesorí­a técnico pedagógica en una perspectiva de Acompañamiento, Apoyo y Asesorí­a a los centros educativos.

12.    Repensar el concepto de alfabetización y superar la idea de solo saber leer y escribir.

13.    Que la educación ofrezca contenidos de la vida y para la vida

14.    Para ser congruente con lo ya establecido en la carta magna mexicana, en el sentido de que somos un paí­s pluricultural y plurilingüe, es imperativo que en el Plan Nacional de Desarrollo quede establecido la necesidad de elaborar e impulsar polí­ticas públicas plurales e incluyentes.

Ante las realidades y exigencias socioeducativas del siglo XXI, estas posibles lí­neas de polí­tica educativa requieren de una perspectiva de amplio espectro, a decir:

1.    Un Sistema Educativo Nacional fuerte, sólido e incluyente. Que promueva la unidad en la diversidad. Este sistema, si aspira a concretar una educación de calidad para todos, habrá de tomar en cuenta que su objetivo es atender la diversidad desde la perspectiva de la inclusión, para lo cual, el enfoque de los derechos y los aportes teóricos del multilingüismo y la interculturalidad juegan un papel trascendente.

2.    Además de tener claridad en este objetivo educativo, ha de reconsiderar y repensar por lo menos los siguientes elementos:

a)    El currí­culum y los materiales educativos

b)    El personal docente

c)    El proceso enseñanza y aprendizaje

d)    Los alumnos. Clima escolar

e)    Liderazgo y organización directiva

f)    Escuela y comunidad. Los padres de familia

La diversidad en México y el Sistema Educativo Nacional

3.    Considerar estos elementos a la luz de la diversidad, supone que se piensa desde la perspectiva de un Sistema Educativo Nacional que considera la heterogeneidad de cada una de las regiones del paí­s, lo cual implica, implementar una polí­tica educativa nacional y a la vez diferenciada.

4.    Es menester puntualizar que a fin de erradicar el analfabetismo y el rezago educativo y equiparar las oportunidades, se hace imperativo focalizar el trabajo educativo en aquellos estados cuyos í­ndices presentan tales situaciones, y donde además de considerar los elementos antes enunciados, se hace necesario una profunda reorganización de la asignación de los recursos desde una perspectiva integral, de manera que considere la alimentación, salud, trabajo y educación.

5.    Junto con lo anterior, una infraestructura digna y de calidad para las escuelas y con un puntual apoyo del empleo de las TIC´s.

Desde la perspectiva de la equidad antes aludida, nuestra propuesta significa dar más a quienes menos tienen, dar puntual apoyo a quienes menos se han atendido. Y desde el enfoque intercultural en la educación, supone el cumplimiento de derechos y una auténtica oportunidad para la justicia social. El siguiente esquema, sintetiza lo que se ha esbozado brevemente.

Hacia una polí­tica educativa nacional incluyente

Para terminar, hemos de señalar que en cualquiera de las dimensiones que se quieran, la carencia de la población indí­gena es mayor que la de la población en su conjunto, que tampoco es una novedad, solo confirma que ser niña o niño en México, y además indí­gena, conlleva un problema doble, para el caso de las mujeres, hasta puede ser triple; por ser indí­gena, mujer y pobre.

Así­ que si transformamos nuestra percepción, podremos dar cuenta de que no solo hay exclusión y marginación en las polí­ticas educativas, sino una auténtica violación de los derechos humanos fundamentales de cualquier persona

Es menester pues, que impulsemos una educación inclusiva y no para la uniformidad. La mejor educación es aquella que no estorba ni limita el aprendizaje sino que lo facilita, forjando puentes y ampliando horizontes. Estamos convencidos que impulsar una educación de calidad desde la perspectiva de la inclusión, con equidad y pertinencia, nos dará las posibilidades para construir una sociedad en igualdad de circunstancias, polí­ticamente participativa, económicamente productiva y adecuadamente preparada para enfrentar problemas futuros.


Muchas gracias


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